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Declaración Pro Reforma

CONCEJO NORTEAMERICANO CATÓLICO
DECLARACIÓN PRO REFORMA Y RENOVACIÓN

Después de años de diálogo y experiencia con las repetidamente incumplidas reformas que echó a andar el Segundo Concilio Vaticano, una coalición de representantes de organizaciones, comunidades y personas, convoca a una asamblea representativa de la Iglesia Católica en los Estados Unidos para examinar la situación en que se encuentra nuestra Iglesia.

Estamos hacienda esto porque los Signos de los Tiempos revelan un severo deterioro de la vida de la Iglesia Católica en nuestro país. Vemos:

  • Parroquias clausuradas, comunidades destrozadas, y sacramentos no disponibles
  • Niños y niñas así como jóvenes violados/as y una respuesta ineficaz del clero para corregir este pecado institucional
  • Apoyo financiero a la baja y mala administración fiscal generalizada
  • Liderazgo paternalista y monárquico, frecuentemente insensible, represivo e ineficaz
  • Una misión de justicia social puesta en peligro—por la falta de justicia institucional interna
  • Católicos/as abandonando la Iglesia con una frecuencia desmoralizadora
  • Una comunidad hambrienta de una espiritualidad que responda a nuestra vida moderna, que sea consciente de nuestra madurez, experiencia y educación.

Nos reconocemos co-responsables de estas condiciones—ya que ninguna comunidad puede ser gobernada sin su consentimiento implícito o explícito. Damos nuestro “consentimiento” con apoyo financiero y personal, participando, o frecuentemente, por nuestra pasividad.

No cuestionamos la fe que se nos confió o las creencias esenciales de nuestros credos y concejos. Sabemos que esta fe no está atada a la estructura de gobierno de ningún período histórico ni ninguna cultura. Buscamos una Iglesia en la cual todas las personas bautizadas tengan en efecto una voz en la toma de decisiones y un ministerio digno de su llamado.

Tenemos suficiente criterio para saber que nunca habrá una Iglesia perfecta. Sin embargo, no queremos estar lejos de una Iglesia libre y sincera, aún cuando en ésta seamos llamados a veces a una incómoda responsabilidad y transparencia.

Vamos en pos de una Iglesia incluyente, compasiva, digna de confianza y representativa.

Buscamos una Iglesia que escuche activamente al Espíritu en sus fieles y cuyo culto y ejercicio de evangelización estén plenamente imbuidos de esta inspiración.

Queremos una Iglesia que responda al hambre espiritual de todos los/as católicos/as, incluyendo a los/as marginalizados/as y desvinculados/as.

Queremos multiplicar el pan de la Eucaristía para que una Comunidad Católica desnutrida pueda encontrar a Cristo con todo el poder curativo de su presencia sacramental por medio de la preservación de la comunidad parroquial y una teología del ministerio radicalmente incluyente.

Buscamos reformar las estructuras que gobiernan nuestra Iglesia para que reflejen los aspectos más positivos de la experiencia norteamericana: un espíritu democrático, preocupación por los derechos humanos, libertad de expresión y asamblea, y una tradición de participación y representación.

Y QUEREMOS EMPEZAR INMEDIATAMENTE

Tomamos como norma el Evangelio y los elementos de nuestra tradición que vivifican, especialmente la historia más antigua de nuestra Iglesia y el renacimiento prometido por el Segundo Concilio Vaticano. También nos guía la sabiduría que hemos derivado de décadas de intensos esfuerzos por reformar y renovar la Iglesia post-conciliar de los Estados Unidos.

Jesús nos llamó a todos/as al Reino de Dios sin hacer distinciones. El ministerio y la amistad en la mesa del Señor se amplió para incluir a los/as marginalizados/as y previamente no invitados/as, a los adversarios y los defensores, a amigos y dirigentes religiosos, al pobre y al rico, al que busca y a los que no buscan, a mujeres y hombres.

Lo/as discípulo/as de Cristo conformaron una comunidad de Iglesias del Nuevo Testamento democráticas en su creencia que todos y todas recibieron el Espíritu. Estas comunidades nunca fueron perfectas. S. Pablo nos dice que hubo tanto sectarismo como armonía, y confusión entreverada con claridad. Sin embargo, estas comunidades demostraron ser confiables y llegaron a personificar al Cristo vivo. Escogían a sus dirigentes y los/as llamaban a rendir cuentas. Reconocieron una gran cantidad de carismas y ministerios, convalidados no por una sola persona o cargo sino por la comunidad en pleno.

Este modelo incluyente y colegiado duró varios siglos. Llevó a una Iglesia global, a la conversión del Imperio Romano, y a los primeros Concilios Ecuménicos. Creó una tradición espiritual y sacramental que nos sigue enriqueciendo. Una Iglesia desde la base demostró su confiabilidad para transmitir el Evangelio y responder al Espíritu Creador.

Llamamos a todos/as los/as que comparten nuestra visión o la cuestionan, a aquellas personas que desean que la Iglesia sea más de lo que es ahora, y a todas las que anhelan la Iglesia renovada y reformada que el Evangelio, El Vaticano Segundo y los Signos de los Tiempos requieren.

En las palabras del Arzobispo Oscar Romero, estamos conscientes de que “solamente somos trabajadores, no el Maestro Constructor.” Pero juntos podemos crear una Declaración de Derechos y un ministerio capaz de crecer, una agenda de justicia social, y una comunidad incluyente.

Con la ayuda de Dios y con el Espíritu activo en todos y todas podemos llegar a ser cristianos, tanto que el mundo se maraville de nuestro amor por los demás y del servicio que le ofrecemos a la familia humana. Nos aferramos a esta posibilidad. Si usted/es tampoco han perdido la esperanza, los invitamos.

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